domingo, 19 de abril de 2015

BRASIL: ILHA GRANDE, PARAÍSO NATURAL Y SAO PAULO Y LOS CHINCHES


Después de tantos días de actividad con los carnavales y de estar en ciudad; pensamos que nos iría bien algo de naturaleza, así que optamos por ir a ILHA GRANDE, una isla que hay al sur de Río de Janeiro y que nos iba bien en nuestra ruta hacia Sao Paulo. Teníamos oído que las mejores playas de Brasil están al Norte del país, por lo que no esperábamos mucho de esta isla, pero nos equivocamos!! Tiene playas muy pero que muy paradisíacas, un entorno espectacular y es súper natural. No hay ni coches ni motos por lo que la única manera de moverte allí es en lancha o caminando por la isla... qué tranquilidad!! Y encima triunfamos con el hospedaje, ya que al ser temporada alta los precios estaban altísimos, pero Jordi empezó a moverse por allí mientras yo guardaba las mochilas y encontró a un hombre que le empezó a ofrecer varias opciones. Jordi le repetía una y otra vez que necesitábamos algo más barato y al final el hombre dijo que él nos ayudaba. Nos abrió la puerta de su súper casa, que sólo la alquila a grupos grandes, y nos dió una habitación para nosotros solos por 5 dólares cada uno!! Y lo mejor era que teníamos la casa para nosotros solos, el baño, la cocina, la terraza, el jardín, ducha al aire libre... Así que al ver qué suerte habíamos tenido con la casa y al ver esa maravillosa isla, nos invadió una sensación de VISCA TOT!

Nuestra casa por casi una semana

En Ilha grande el entretenimiento de cada día era ir a descubrir nuevas playas, pues hay muchísimas, y lo interesante para nosotros era ir caminando. Se puede ir también en lancha de una playa a otra, o incluso hacer un tour que te dan la vuelta a la isla, aunque es bastante caro (y más en temporada alta). Lo que pasa que al ir en lancha te pierdes todo el bonito paseo por selvas, bosques, las vistas desde arriba de las montañas, etc; y no se disfruta tanto una playa como cuando tienes esa sensación de "me la he ganado". Hay algunas playas que están a 2 horas de paseo por un camino sencillo y despejado, y otras que tienen un camino de más de 3 horas por la selva con trozos un poco complicados. Durante los caminos por la selva puedes descubrir cascadas, pozas de agua dulce donde bañarte totalmente solo, y ver animales como pájaros, mariposas, monos e incluso una serpiente muy larga de color verde que reptaba a medio metro de mi hombro entre las ojas de los árboles. A continuación os comparto fotos de las cascadas, vistas, trekkings, pozas y playas que descubrimos:





Mega tamaño de una oja en la selva

Poza de agua fresquita, dulce y cristalina escondida entre la vegetación...para nosotros solos!

Playa "Dos ríos", ya que desemboca un río en cada punta de la playa. Madrugamos y cuando llegamos después del trekking estuvimos solos en la playa.

Islotes de la playa de "Dos Ríos"



Uno de los caminos por el medio de la selva

Rambla de Bambúes en varios de los caminos
Final de 3 horas de trekking por la selva y llegada a la paradisíaca playa "Lopes Mendes"
Playa "Lopes Mendes"
Playa "Lopes Mendes"
Playa "Lopes Mendes"
Playa "Lopes Mendes"
Otra playa paradisíaca
Vistas desde la parte alta de los cerros

Y después de pasar el día de playa en playa, haciendo ejercicio y entre la naturaleza, acabas agotado, pero en un lugar tan pequeño es fácil acabar conociendo a la gente que está por allí como tú, así que algunas noches salíamos a cenar o tomar algo con unos chicos que conocimos (dos españoles y dos israelitas). Uno de los españoles se llama Sergio y lo conocimos en la playa de "Dos Ríos", ya que también se volvía caminando y volvimos con él, y dos horas de camino dan para mucha conversación!! Es un madrileño que trabaja de temporada en Ibiza y luego se va a viajar, ha recorrido casi el mundo entero ya, así que tuvimos muchas conversaciones interesantes con este súper viajero con el que quedamos cada día. El tema es que no hay ni una foto con él, ni fotos a otros muchos lugares que me hubiera gustado porque hubo un problema eléctrico en la isla y estuvimos sin luz (no podía cargar baterías) ni internet casi todos los días. Esto hizo que la desconexión y el romanticismo de estar por la noche a la luz de las velas fuera total!! Aunque tambié hay que decir que estamos tan habituados a tener electricidad que estar 5 días sin luz a ratos se hacía duro (para leer por la noche, no iba el ventilador, etc...). Sabemos que Sergio será de esas amistades del viaje que volveremos a ver seguro, y mirar si es majo que un día nos levantamos de la cama y mirar qué nos había dejado en la ventana de la cocina...AY! Este Sergio es todo corazón y nos robó el nuestro:








Con mucha pena por despedirnos de Sergio y por dejar ese paraíso llegó el día de la partida, pues el viaje debe continuar, así que hicimos el trayecto de barca y unas 8 horas de bus hasta Sao Paulo:

Llegamos a Sao Paulo por la noche y cogimos un hostel que fue nuestra perdición. Nunca reservamos nada por internet, ya que creemos que siempre hay opciones buenas y más baratas que ni tienen web, pero como es temporada alta en Brasil ésta vez lo reservamos por internet... Y fue un desastre!! No sé quién le habría dado las buenas referencias... Nos dieron un dormitorio lleno de literas en el que no había ni medio metro entre cama y cama, ni espacio donde dejar la mochila. Pero lo peor fue que cuando nos pusimos a dormir empecé a notar que cada vez tenía más picadas, aguanté lo que pude y bajé a decirle a la recepcionista si tenía un ventilador para ponerlo en mi cama porque estaba el cuarto lleno de mosquitos y ni el repelente me funcionaba. La chica, que era bien borde, me dijo que no había y encendió el ventilador gigante de la habitación, que hacía un ruido espantoso y despertamos a todos los de la habitación. Yo no quería eso porque precisamente en Sao Paulo hace hasta un poco de frío por la noche, y no quería molestar a los demás, pero la chica no me dejó quitarlo. Entonces le pedí a Jordi, que no le gusta dormir con el aire dándole en el cuerpo directamente, que se pasara a la cama de abajo y yo me quedaba en la de arriba, y ahí fue cuando él me dijo que también tenía muchas picadas. Al cabo del rato seguía sin dormirme y cada vez me picaba más todo, y sentía que Jordi no dejaba de dar vueltas en la cama de abajo, así que le dije que me parecía que esto no eran mosquitos y nos levantamos de un salto. Fuimos al lavabo y nos descubrimos llenos de picadas, pero a centenares, hasta en los ojos...ERAN CHINCHES!!! Y esta era nuestra cara con una picada en el ojo:

A pesar de "la tragedia", cuando nos vimos así nos reímos bastante, y decidimos coger nuestro saco de dormir y nuestra esterilla y nos fuimos a dormir al tejado del hostel, que fue mucho mejor. Al día siguiente se lo dijimos al encargado (un adolescente de 19 años) y nos dijo que nos daba como compensación una habitación matrimonial para la siguiente noche sin cobrarnos a cambio. Decidimos quedarnos, pues sólo era una noche más y quizás hubiera costado encontrar sitio en otro hostel. Esa mañana fuimos a ver el barrio japonés de Sao Paulo, ya que hay una gran comunidad de japoneses viviendo allí, con el objetivo principal de comer en un restaurante japonés, ya que amamos esa comida y la echábamos de menos, y qué mejor lugar que ese para comer japonés!! Nos pusieron toda esta comida más un entrante por 10 euros cada uno, que siendo Brasil y un restaurante japonés, está genial de precio!

Y por la tarde nos tocó quedarnos en el hotel para desinfectarlo todo y lavarlo, ya que mi mochila había estado debajo de ese colchón infectado de chinches toda la noche; y además al día siguiente, al mediodía, nos tocaba hacer unas 48 horas de buses para llegar a Bolivia... Y hacer eso con chinches encima podía ser un infierno para nosotros y para todos los pasajeros!! 

Esa noche volvimos a notar chinches (estamos seguros de que era ese colchón que también estaba infectado) y a la mínima subimos a dormir al terrado, donde al final no se estaba tan mal viendo el cielo estrellado y notando el fresquito. Por la mañana nos fuimos corriendo de ese hostel que es el peor en el que hemos estado con diferencia, la higiene dejaba mucho que desear. Se llama "Girasol hostel", os lo digo para que no vayáis nunca!!

Por lo poco que pudimos ver de Sao Paulo debido a estos malditos bichitos, nos pareció una mega ciudad que nada tenía que ver con el resto de Brasil que habíamos visitado. La gente al revés de ir en bañador por la calle, va casi en ropa de invierno, nadie te saluda, y todo el mundo va con prisa y a empujones. Es como un Matrix, líneas de metro enormes y todo el mundo por su carril y sabiendo lo que tiene que hacer... Y nosotros que veníamos tan relajados y "asalvajados", recibiendo empujones por todas partes por ir tan lentos y empanados... Lo peor es que igual es esto lo que nos encontramos cuando volvamos a Barcelona!!!MIEDOOORRRR!!




Nos pareció una ciudad mucho más europea que sudamericana, y por supuesto, nada brasileña!! Río de Janeiro representa mucho más la idea preconcebida que tenemos de Brasil. 


Aprovechamos la última mañana para ir a comprar bikinis brasileños (que me encantan) en una zona muy local y muy animada, y de allí nos fuimos a la terminal de bus bastante atemorizados por si llevaríamos chinches encima aún. Nos pusimos una ropa recién lavada y desinfectada antes de subir al bus y el resto de ropa iba limpio y desinfectado, y lo que teníamos dudas iba aparte en una bolsa "en cuarentena". El resultado fue que hicimos el viaje SIN CHINCHES!!!BIEEEENNNN!!! Aunque no os perdáis el emocionante viaje hasta Bolivia...48 horas que parecen sacadas de una película de Alfredo Landa.

MUITO OBRIGADO, BRASIL!! HASTA EL PRÓXIMO CAPÍTULO!!




















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